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TEATRO

EL TEATRO MEDIEVAL
Como se ha expuesto, las invasiones de los bárbaros y la oposición d e la Iglesia impusieron el fin del teatro cklásico, por llamarlo de algún modo, puesto que hacía timepo que se extinguía en medio de la vulgaridad y la decadencia generales.
Sin embargo, la oposición eclesiástica no impidió que la clase más culta de aquella edad -el clero- recurriese a veces a la forma y la estructura de la dramaturgia griega y romana para componer tragedias y dramas osbre asusntos sacros y edificantes. Se trató de una tentativa condenada en cierto sentido a fracasar, pero trascendente, porque coincidía con la importante obra en que estaban empeñados entonces los Padres de la Iglesia: conciliar la cultura clásica con la sensib8ilidad y la moral cristianas. Quienes se entregaron sobre todo a esta labor fueron los eruditos griegos y bizantinos, san Juan Damasceno, san Gregorio Nacianceno, etc. Pero fueron experimentos literarios que jamás llegaron a los escenarios y que nho se difundieron más allá del reducido ámbito en que nacieron.
El teatro medieval, y el moderno que florecion gracias a él, no brotó de los modelos clásicos. La manifestación teatral es una forma de arte tan estrechamente ligada con el modo de ser social, que le simple resurgimiento de la dramática grecorromana hubiera sido imposible en una sociedad tan distinta como la de la Europa medieval. Mejor sería decir que esa manifestación artística empezó desde la nada, ignorando todos los precedentesk, para responder a la necesidad concreta de las gentes de la Edad Media. Vió la luz con motivo de las grandes fiestas cristians, ante todo la de Resurrección, que absorbe la celebracion de la primavera, la fertilidad y el triunfo de la naturaleza. Se tienen testimonios de que el sacerdote que oficiaba la misa de Pascuo pudo, en cierto momento, interpretar la escena de la Resurrección con un breve diálogo con sus acólitos o con los fieles, en el que evocaba la conversación de las Marías camino del santo sepulcro, y el ángel que les anuncio Cristo había resucitado.
En esta síntesis de dicho drama evangélico se asiste al nacimiento del teatro medieval. Muy pronto, en lugar del sacerdote y los demás oficiantes, aparecieron actores vestidos como el ángel, las Marías y Jesús. De tal manera se avanzó otro paso. Cuando la acción se hizo más compleja, se representó, no en el altar, sino en la nave central o en el coro.
Unos cuantos años después, en toda Europa se utilizaron otros asuntos: la Navidad, episodios de la existencia de los santos, pasajes proféticos del Antiguo Testamento, etc.
Los tratadistas han procurado clasificar esta densa producción dramática cristiana, pero una verdadera clasificación resulta imposible, tanto desde el punto de vista formal como el del contenido. Son textos concebidos con gran libertad y variedad de foma, con una exposición que presupone innumerables combios de escenario. Reciben diversos nombres según los países, la época y la fantasía del autor: oficios, como para hacer reslatar su origen en el ámbito de la ceremonia litúrigica; pasiones, cuando vesrsan sobre el sacrificio de Cristo;misterios, los que narran en especial la vida de Jesús y de María; milagros, cuando tienen por objeto la existencia de los santos;autossi tratan de personajes bíblicos; moralidades, que comprenden en especial alegoráis, etc.
Las representaciones, como queda dicho, se celebraban con ocasión de las grandes fiestas religiosas, principalmente en Navidad y Pascua. Las organizaban las catedrales, grandes monasterios y comuidades religiosas y seglares, co el concurso de todos los fieles. No habiendo edificios teatrales, servía de escenario la plaza de la población, el atrio del templo o diferentes sitios del lugar y de los contorno.Se construían varios tablados, en cada uno de los cuales se interpretaba una escena del drama. Los actores eran aficionados, que aparecían en escena sólo en aquellas ocasiones, por devoción, por educar al pueblo en los principios del bien, por enseñar a las gentes uan nueva manera de rezar; clérigos jóvenes yt legos de los conventos y las catedrales, que escribían a menudo los textos representados; miembros de las cofradías religiosas, los mismos fieles, que se convertían de tal suerte al mismo tiempo en auditorio y en actores, cubriendo el camino de Jesús hacia el Calvario y acompañando a las santas mujmeres hasta el sepulcro del Redentor.
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